18 de agosto de 2013

Sleep is for the week.

"Sleep is for the weak".
No. Dormir no es para débiles. Dormir es para la semana.
Poder permanecer en un remanso inerte por inercia durante un puñado de horas cada día. No aspiramos a mucho más: nos levantamos y esperamos sentirnos realizados ejecutando una cadena de acciones completamente irrelevantes. Y lo peor llega en los días estivales, cuando aún siendo libres, la inercia nos tiene enjaulados en el pasado, limitando nuestras acciones nerviosas y motoras.
Sí, podemos caminar, dar un par de pasos y precipitarnos contra el sofá, hasta que nuestro estómago tome el control de nuestro cuerpo y la necesidad de nutrirnos sea insoportable (sólo entonces, nos levantaremos y daremos uso de nuevo a nuestras piernas). Y tal vez, sólo tal vez, tengamos la posibilidad y oportunidad de salir al exterior por voluntad propia. Y aquí llega el daño que sólo ocurre entre semana: no queremos. Nuestra voluntad ha sido drenada por el polvo acumulado en el sofá y derretida por el calor de las sábanas de nuestra cama. No nos apetece, estamos cansados (el cansancio producido por la improducción de no hacer nada, todo un verdadero misterio). 
Sin remedio alguno, omitimos cualquier posibilidad de movernos más de lo necesario, para que luego, en la atmósfera nocturna de nuestra habitación, nuestro cuerpo nos regaña por no haber hecho absolutamente nada y se vengue de nosotros inyectándonos una sacudida magmática, haciendo que la sangre llegue hasta el cerebro (por fin) y tengamos una erupción de ideas, desatando nuestro adrenalina y, cómo no, impidiendonos dormir. Eso sí, para que al día siguiente nos levantemos con la cabeza fría e inerte.
... ¿Verdad?

No. Mal. ¡Mal! ¡No me digas que te has sentido identificado! ¡Maldita sea!
Apuesto, querido lector, que eres esa clase de individuo que el día que le sacan de casa, bosteza ampliamente y dice estar cansado. ¡Pero despierta, merluzo!
Maldito sea el síntoma de agosto, todos los días parecen domingos y no hay quien os despierte. Os consumís a vosotros mismos echando raíces en vuestro salón, ¿y aún así decís que disfrutáis del verano?
Son trece los días que quedan para que empiece la melancolía otoñal de septiembre, ¡y vosotros ahí tirados! No le permitáis a vuestro cuerpo el lujo de controlaros ¡No os dejéis! 
¿Dónde quedaron las aventuras de volver en el primer tren de la mañana y tomar el desayuno en él? Cansados y sucios, pero con una sonrisa de oreja a oreja.
¡No! ¡No me vale la excusa de la escasez gente! ¡Mentira! No hay gente más necesaria que nosotros mismos con ganas de conocer. ¡Que despiertes, te digo!

Desde pequeño siempre he tenido miedo de quedarme atrapado en un mismo lugar, de que la monotonía controlase mi vida y no hubiera forma de escapar. Por este motivo, siempre he tenido escondida una mochila en un lugar seguro y cercano a la puerta, sabiendo que el día que la monotonía tome el trono absolutista en estas cuatro paredes, yo abdicaré y me exiliaré, donde sea, al lugar donde se reúne la gente que siente la misma necesidad de escapar, que busca un mechero para encender el cuerpo altamente inflamable en el que están, en forma de adrenalina y sentimientos reprimidos.
Donde quiera que estén, porque yo sé que existen. Lo sé yo, y lo sabes tú, lector. Personas que son incapaces de respirar tranquilos porque la necesidad de correr y conocer les está bloqueando los pulmones, personas que necesitan tener el horizonte como su única casa y vivir. 
Yo soy de esas personas. Y tú. Tú también. Porque sé que en algún momento tu cuerpo ha sentido un ligero cosquilleo mientras leías esto. Un cosquilleo que te incita a conocer y descubrir. Sí. Lo has sentido. Y si lo has sentido, eres de los nuestros.

¡Ah! Maldito otoño, símbolo de la vejez, y agosto, el úlimatum juvenil. 
No escaparemos vivos de esta vida, y ese es y siempre será el quid de vivir.
Y no, no me voy a pasar la vida quieto, esperando a que la brisa otoñal me susurre siempre al oído el tempus fugit

Que no. No. ¡No! ¡No me voy a quedar quieto esperando a Godot! ¡Que Godot me encuentre si puede! ¡Y que me encuentre cansado, sucio y con una gran sonrisa perdido en algún lugar del mundo!

¡Despierta, maldita sea!

Manu

13 de agosto de 2013

Café en línea recta.

Hoy, no sé.
Me he despertado saludando al café,
y al tercer sorbo ya no sabía ni qué hacer.
Hoy quería vivir en verso, no sé porqué.
Incoherente de mí, apuré la taza: lo intenté.
No creo en poesía, me supera como arte:
un arte que roza el desastre.
Ni divido los versos, ni hago estrofas...
Me desespero, se escapan las horas.
Pero hoy me era fácil:
chapuzas y muy sencillas.
El ritmo asonante lo marcaba el lápiz,
y las rimas aparecían solas, distraídas.
¿Y lo mejor de pensar en poesía?
Sentir que sientes lo perdido.
Que se te queda una sonrisa
cuando todo parece un sinsentido.
Pensar es sórdido,
e imaginar de inocentes.
Pensar que imaginas es una incoherencia.
Imaginar que piensas es demente.
Prefiero imaginar,
es mejor vivir de un sueño.
El engaño está presente,
pero en la poesía ese es todo nuestro empeño.
Hoy mismo, distraído,
imaginé haberte abrazado.
Debo de tener el corazón roído.
Fue una brisa la que abracé, sin embargo.
Y de tanto imaginar,
solo pensaba en ella,
pensamientos que llegaban a quemar.
Sabe que en mí ha dejado huella.
O no, no lo sé.
No, no tiene nada que saber.
Sólo fueron besos de días estivales:
no tienen nada que ver.
Seguí dejando volar mi imaginación,
estando cerca el décimo trago
me faltaba algo de inspiración,
escribiendo, sabiendo sin saber qué hago.
Maldita sea, la poesía empieza desde el vacío
llena de problemas de solución irreal
que acaban por tomar un desvío,
dejando verdades, sueños, y amor leal.
Tal vez necesitaba un poco de bohemia, de vida.
Café y estrofas nocturnas,
como artistas que en su día
solo escribían versos y letras sucias

Algo de amor por el silencio,
que solo se oiga el crepitar del cigarro encendido.

No, no es eso. Discrepo. Miento.
Yo quiero el amor que tú nunca me has dicho.


Manu
[We're just afraid of living life like we're loved and in love and alive to all the things we could be if we just believed that life is too short to be lived without poetry] -Frank Turner.

2 de agosto de 2013

La actividad física frente a la actividad emocional

Una de las cosas más metafóricamente tristes que puedo llegar a ver es la niebla abalanzándose poco a poco sobre nosotros: monótona, ligera, espesa, rodeándote dulcemente y meciéndote entre sus etéreos brazos, como si quisiera dormirte; hacerte creer que te pesa la respiración, dándote suaves empujones de humedad en la cara y cargándonos los pulmones. Y por mucho que queramos hacer, desembocamos en una actitud somnolienta y casi cabizbaja. Me pregunto si todos nosotros nos sentiremos así cada vez que esta cortina nos separa del resto.
Y ha sido hace un par de noches cuando me he dado cuenta de que llevo días con niebla en la cabeza. Y he descubierto que mi mayor motivación al despertarme, era volver a dormirme. El silencio me estaba dejando sordo, y la soledad me estaba agobiando por su tamaño. Los relojes me miraban con una sonrisa taimada y mi pulso latía indiferentemente. 
Fue cuando, arañando un poco mi estado anímico, encontré las velas de mi inspiración derretidas y sin mecha para encenderlas. Mi vida parecía estar detenida en una enferma monotonía y en una monótona enfermedad. Me dormí en una cama llena de niebla, respirando niebla, sintiendo niebla y pensando en niebla.
Pero hoy al abrir los ojos, me he despertado con la sangre hirviendo, he dado el puñetazo más fuerte que me ha sido posible al reloj más cercano y me he puesto en pie con una llamarada estallándome en el pecho y calentándome cuerpo.

Y todos hemos vivido esa sensación. Viviendo en lo más profundo de la desesperación con una fatiga inexplicable, sin saber qué querer ni qué hacer.
Ese es el momento en el que necesitamos hacer algo, movernos, tener ideas, estar ocupados, estar despiertos. Porque si no nos movemos, si estamos quietos, si pensamos, si no despertamos... caemos en el abismal sueño de las emociones, donde chocamos contra sentimientos que nos rompen y poco a poco nos van oprimiendo el pecho con un abrazo gélido, casi hasta el punto de sentir la mano de la Dama del Alba acariciando nuestro corazón.
Y llegará el día en el que vivamos el incontrolable deseo de levantarnos y darle una oportunidad a la vida, por no pensar, por no sufrir. Debemos empezar a caminar aunque no tengamos destino ni origen. Imaginarnos que el mundo es un cuadro y que nosotros somos un pincel, como si quisiésemos pintar un lienzo que sólo se vea desde la Luna. Caminar, sabiendo que cada paso cicatriza la herida cuyo paradero desconocemos, pero que nos sacude la cabeza, la sentimos en nuestro pecho y hace que nos tiemblen las piernas. 
Movernos, desplazarnos, como si fuesemos muñecos que actúan por inercia, muertos por dentro. Muertos hasta que un día nos paremos y descubramos que la herida ha desaparecido, dejando una cicatriz en forma de recuerdo.
Y hasta entonces, estaremos muertos. Muertos, pero no muriéndonos poco a poco en nuestra tortura. Y entonces, será cuando pensemos todo esto con una sonrisa.

Y hoy, un muerto en una larga senda hacia su recuperación, os saluda sonriente.
Manu.

20 de julio de 2013

Un sobre pacíficamente escrito

Muy buen fin de semana a todos.
Sí, me he dado cuenta de que no es domingo, pero qué narices, en verano nadie sabe qué día es, y como se suele decir, "Si llega la inspiración, que te coja trabajando".
Y sí, así me ha venido y me ha pillado con un lápiz en la mano y un papel en la otra, así que espero que esta entrada os amenice, cuanto menos, unos 10 minutos de vuestro tiempo.

Pero cada cosa a su debido tiempo, y hoy sustituyo la introducción por un pequeño inciso. El lector tiene todo el derecho a ignorar esta parte.
Esto es un blog, escribo mis ideas y también tengo mis historias. Y para historias, he de decir que he vivido la semana más intensa de todo el año. Han ocurrido tanto buenos como malos sucesos, y en muchos aspectos diferentes, así que os pido un mínimo de paciencia con mi persona (maldita sea, hasta se me rompió mi taza de café favorita hace un par de días). 
Lo que quiero decir, es que tal intensidad de sucesos ha conseguido que se me batieran las entrañas y ahora tengo los sentimientos en la cabeza y la lógica en los pies. Todo lo que pueda decir posiblemente sean incoherencias y sinsentidos, pero lo diré con toda la razón y será completamente verídico (¡Chúpate esa, Aristóteles! ¡Tú y tu razonamiento válido!). 
En otras palabras. Posiblemente nuestro querido "Café de los domingos" publique entradas cualquier otro día. Incluso pueden ser tres, o cuatro, todas el mismo día, o de una en una a lo largo de la semana, o lo más probable: que se me olvide otra vez el dichoso blog. En cualquier caso, sí habrá una actividad más continuada. Trataré que el lector no sienta que pierde el tiempo leyendo esto, sino que saca conclusiones y disfruta de un tiempo bien amenizado con estas entradas. El primer derecho del lector es el derecho a no leer, así que, como se suele decir (con un ligero cambio verbal), el que quiera leer, que lea.
-Fin del inciso, comienza la entrada-.


Estimados individuos que mueven torpemente los hilos de mi presente y futuro,
Les escribo esta "carta" con motivo de sus recientes (aunque ya tienen su tiempo) acciones en el poder, con las que tanto dicen ustedes que velan por nosotros, por el futuro de nuestra situación. Antes de empezar, sí; han leído ustedes bien el destinatario: "individuos", ya que no es sólo un individuo quien causa semejante error en el poder, sino unos cuantos; una anglomeración de individuos de distinto origen, el cual desconozco, pero sé y mantengo con firmeza que existe, y quisiera dirigirme a ellos, por muy encima de mí que estén. 
Ustedes no hacen nada bien. Nada. Nosotros nos volvemos nihilistas porque, en efecto, ustedes no tienen nada, ni nos ofrecen nada en lo que creer, más que falsas promesas y duros problemas que (causados por ustedes) nosotros tenemos que afrontar. Estoy seguro de que esta carta no les incordiará. Ni se molestarán en leerla. La arrugarán y la tirarán a la chimenea de su increíble vivienda situada en algún hermoso lugar del mundo. Se terminarán su magnífica cena de gran calidad, apurarán la copa de vino importado, y se acostarán sin remordimiento alguno. He de decir que despiertan mi más sincera admiración al no sentir ningún remordimiento. Se acuestan, sabiendo que se alimentan de la vida y la desgracia de otras tantas personas a las que les juran un futuro próspero, y no sienten nada, mas que una inmensa satifacción personal. Ciertamente, admirable. No he conocido a ningún ser humano que sea capaz de hacer eso, realmente retorcido; les felicito. 
Pero siento traerles de vuelta a la realidad. Tal vez se acuerden de ese país al que tienen que ayudar. No está muy lejos de Suiza (últimamente, estamos siempre al lado). Ese país en el que sólo hacen ustedes presecia para hablarnos de los tiempos duros que corren, para alentarnos, para infundarnos algo de fe en el futuro y jurarnos por su sagrado sueldo que llegarán tiempos mejores. Luego se despiden montando en su coche (pagado por nosotros el Estado) con la gasolina recién repuesta (también pagada) en dirección a su vivienda. Se lo agradecemos mucho. Sabemos que no pueden hacer más. Son incapaces. Llegan, toman lo bueno, se disculpan, y se van. Es asombroso. Al menos se disculpan, un parásito cualquiera del reino animal no se habría disculpado. Admirable.
Ustedes lo tienen todo, y a pesar de eso, quieren seguir velando por este país (si es que es el verbo adecuado), mostrando su ayuda, demostrando que están ustedes ahí, a nuestro lado, haciendo todo lo posible por conseguir lo mejor para ustedes nosotros.
Sí, por supuesto que confiamos en ustedes... Pero quisiera advertirles que han cometido un error. Un gran y terrible error. Nos educaron, como a cualquier otro país civivilizado, a pedir pacíficamente lo que es nuestro. Hicieron bien, pues son nuestros derechos. Más tarde, encontraron la forma de conseguir una mayor prosperidad en su vida, aunque para ello tuvieron que cortar los alambres que sostenían y alimentaban nuestra Educación Pública, que cedió "amablemente". Entonces, nos educaron a exigir pacíficamente lo que es nuestro. Y ahora, como si de un círculo vicioso se tratase, dictan ofrecen como solución a nuestros problemas una mayor puñalada a la Educación. La limitan, limitan los derechos por los que tanto luchó, la ensucian, la recriminan, la mancillan, la prostituyen.
Y entonces, lo que han conseguido ustedes, nada más y nada menos, es que la Educación abriera los ojos. Y con ella, miles de jóvenes a los que aún no han podido convencerles de lo que ustedes hacen por este país. Ahora, nos han mostrado el camino para levantarnos y tomar, pacíficamente, lo que nos pertenece.
He de decir que casi lo consiguen. Casi nos encierran en la perdición. Casi consiguen convencernos de que era el único camino. Es irónico que sus propósitos hayan ido al revés, ¿no creen? Si aún siguen leyendo esta carta, les diré que yo, un joven cualquiera, estudio las Humanidades y Bellas Artes. Por si no las recuerdan, son esas ramas del conocimiento que casi consiguen extinguir (y que siguen trabajando en ello) y a las que tanto miedo tenían. Son las materias que han conseguido movilizarnos, las que nos han enseñado que las cosas no son como dictan los de arriba, las que abrieron los ojos hace 70 años, hace 200 años, y hace dos milenios. Gracias a las cuales, nosotros despertamos de sus somnolientas mentiras promesas, y desembocará en lo inevitable: una respuesta negativa. Una respuesta negativa de personas que nos oponemos a sus acciones, a sus reformas, a sus ideas. Una negativa a la cual ustedes siguen atacando, sin descanso; y lo hacen violando más y más la Educación.
Como dije al principio de esta carta, mis motivos eran advertirles de su error. Sé que el ser humano siempre tropieza con la misma piedra, y me sorprende que ustedes no se hayan dado cuenta de que con esa solución no les irá bien. Me sorprende su comportamiento inhumano. Cada ataque que cargan contra nosotros, los jóvenes, los estudiantes, la Educación, la negativa será aún mayor. Nos separan de la Educación, e irónicamente, nos separan del control que alguna vez tuvieron sobre nosotros. Y ahora que han llegado a este punto, no hay vuelta atrás para ustedes. No tienen nada que hacer, nosotros hemos descubierto la cortina de humo que se cernía sobre nosotros. Ahora, a cada mal paso que den, estaremos nosotros. A cada manipulación, cada estafa, cada mentira, cada sobre con dinero blanqueado, cada soborno, cada pacto oculto, cada recorte... cada prueba que demuestre que nos engañan, alimentará nuestras dudas y nuestro deseo por un cambio. Nos han abierto los ojos. Empezaron por lo peor: nos quitaron la Educación. Nosotros no seremos tan benevolentes con ustedes por reírse de nosotros desde su prosperidad. Queremos lo que es nuestro. Lo queremos ya.
Ustedes, tan mentirosos, tan estafadores, tan terriblemente dramáticos.
Ustedes, con sus actos vergonzosos, con sus manipulaciones, con sus engaños.
Ustedes, restándonos enseñanza, evitando que conozcamos su odioso sistema lleno de falsedades.
Ustedes, rompiendo familias, rompiendo futuros, resquebrajando nuestro presente, escapando impunes cual parásito sin sentir un mínimo remordimiento.
Ustedes, y les aseguro que esta será la última vez que me vayan a ver tratándoles con un mínimo de respeto (el que me arrebataron por la fuerza), no saben lo que han conseguido.

Vosotros estáis consiguiendo que meditemos acerca de "tomar pacíficamente lo que es nuestro". Somos más que un 6'5 y os aseguro que no queréis ver como cambiamos ese adverbio después de ser engañados tan patéticamente.
Estimados individuos que mueven torpemente los hilos de nuestro presente y futuro; os aseguro que este será el último sobre que vayáis a recibir.


Atte,
Manuel Riaño Martínez.

Un placer haber podido compartir esto con todos mis lectores. 
¡Que pasen ustedes un gran fin de semana!
Manu

7 de julio de 2013

¡Que viva la poesía romántica!

Muy buenos domingos y feliz verano a todos. ¡Increíble que por fin haya llegado tan esperada estación del año!
Hoy, bien entrado julio, me declaro un hombre libre. Y con libre quiero decir tener la oportunidad de escribir esta entrada en ropa interior, con un inmenso sol entrando por la ventana, disfrutando de alguna que otra brisa aleatoria, y tomando un buen helado semi-derretido de turrón con mi café. ¡Oh! Respirar hondo y que entre un vendaval de buen humor en mis pulmones mientras doy otro sorbo a mi taza. ¡Hoy creo en Dios, como bien diría Bécquer!
Y qué decir tiene, que un domingo así merece ser aprovechado. No sólo este, ¡todos cuantos podamos! No volveremos a ser tan jóvenes como hoy, al fin y al cabo. Así que, en el momento en el que usted, querido lector, termine de leer esta entrada... ¡salga fuera, leñe! ¡Que en nada se nos nubla todo otra vez!

Bien, lectores. Hoy querría dedicar una entrada a los autores románticos. No "románticos" de autores "tiernos y con mucho amor". No. Románticos del siglo XIX que hablan con hipérboles. Y todo empieza con un agradable paseo nocturno...
No hay nada mejor que dar una bocanada de aire en un puerto con la vista perdida en el horizonte marítimo, y mejor si es en medio de una noche en la que la brisa refresca y el cielo estrellado te pilla desprevenido. Son Noches de poesía, si se me permite denominarlas así. No hay mejor momento para pensar que una noche de verano.

Sólo escuchaba el rumor de las olas contra el muro del puerto. Podía oír, si prestaba atención, el crepitar de las minúsculas llamas que reducían a cenizas el cigarrillo. En medio de aquella agradable noche, por alguna razón, el viento decidió traer algo de inspiración consigo. Una agradable inspiración llena de ideas que enseguida invadieron mis pulmones y nublaron mis pensamientos más lógicos (y casi me caigo al mar). En ese caos de ideas, hubo una pregunta que, sin venir a cuento y sin una maldita razón aparente, me encendió la curiosidad, se deslizó por mis arterias, y cuando llegó a la cocotera, no encontré forma de ignorarla.
En ese momento dí por finalizado el sosiego nocturno, y ahora querría preguntar a mis lectores la misma pregunta que se me vino a la cabeza.

¿Qué dirían los románticos del XIX si nos viesen ahora?

Sí, los románticos. Todos aquellos autores que adoraban la noche. Ah, los románticos. Aquellos que tanto lucharon por una verdadera revolución. Los que volcaban su botella contra el papel para escribir. Los que lo decían todo en tan solo unos versos. Los que daban su vida por algo de poesía. Los que añoraban la libertad... ¿Qué fue de ellos? Bueno, supongo que tanto sentimiento acabó ahogándoles. Unos quisieron ser más subjetivos. Otros dejaron para siempre la bebida. Y otros fueron románticos hasta el final, como lo fue Larra.

Pero, ¿sabéis qué creo que harían si nos viesen?
Todos ellos observarían, impotentes y tristes, un mundo realista que no da lugar a las ensoñaciones. Un mundo que busca, ciego, razones para una revolución cuando tienen más que de sobra (y, al fin y al cabo, ¿quién necesita razones para una revolución?). Un mundo donde se dejó de buscar la libertad para dar la espalda a los sentimientos. Donde formar parte del día a día, aferrarse al trabajo, evitar caer en lo antisocial... pasó a ser la "libertad". Y entonces, sentí cómo Espronceda empezaba a gritarme dentro de mi cabeza, frustrado, casi sacudiéndome por los hombros. Tenía ganas de agarrar un barco y huir, de escupir algunos versos, de gritar a todos que la vida es demasiado corta para vivir sin poesía. Que, al fin y al cabo, la única esperanza que le queda a este mundo somos nosotros, los que aún no hemos caído en la trampa de la realidad, a los que se nos enciende de vez en cuando la llama del Romanticismo, a los que aún se nos permite tener sueños: los jóvenes. Y entonces, nos llega ese sentimiento... Cuando nuestras entrañas se contraen y una vaga sensación similar al miedo (el miedo ancestral de separarse y partir, el misterioso recelo a conocer lo nuevo) nos recorre la piel y nos tortura, y todo nuestro cuerpo angustiado siente, como si fuese nuestra propia alma gritando, un inexplicable deseo por sentirnos de otra manera.

Algo ha ido terriblemente mal y son en estos momentos que nos brinda la vida en los que uno se da cuenta. Necesitamos esa libertad, necesitamos tomar esas decisiones que el alma nos pide a gritos, escucharla, darnos cuenta de que los latidos de emoción contenida al hablar de esta libertad ensordecen el silencio.
Necesitamos volver a ser románticos, necesitamos poesía, necesitamos volver a tener ganas de vivir. Y lo necesitamos ya.

¿Qué pensarían los románticos?
Las opiniones son siempre bienvenidas.
¡Feliz domingo a todos!

Manu

7 de abril de 2013

La ironía en su esplendor literario

Muy buenas a todos nuestros fieles lectores. Hoy me voy a tomar la libertad de escribir una pequeña crítica a unos cuantos acontecimientos que he estado observando. Todos sabemos que la literatura y la cultura están ahogándose en el abismo del olvido, y como suele pasar, hay días en los que estallo y exijo un mínimo respeto por ellas; aunque sean unos cinco minutos de silencio con una lectura. 
Café nocturno en mano, y vamos allá.

Estamos ante el principio del fin de la Literatura, tal y como la conocemos. Le estamos otorgando un significado completamente diferente al de su origen y olvidando todo lo que se sabía de ella (y he de decir que Literatura viene del latín littera, litteras, que significa letra, escrito, texto o carta). Todo ello, amigos míos, gracias a las ventajas que nos ofrecen los avances tecnológicos: una Literatura en la que no son necesarios los libros. 

Actualmente, parece ser que si queremos conocer algo sobre la literatura española a principios del siglo XX, es más fiable una escueta opinión anónima del divino Internet, que la lectura de los libros del propio Miguel de Unamuno. Los jóvenes ya no tienen interés en estudiar si no es ante una pantalla con sus amadas redes sociales, su necesario blog para poder expresarse, y otras tantas cosas en las que emplear su tiempo y agotar su vista.
Los libros ya no parecen tener importancia en su vida, al igual que la cultura, acompañada con la -al parecer- obvia pregunta de "¿Para qué narices te va a servir eso en la vida?". Temo que en un par de décadas ningún estudiante sepa decir cuántas Repúblicas vivió España; o peor aún, que duden si Julio César existió o no (y es que ya se han dado estos casos reales en ciertas universidades). 

Alardeamos de nuestros avances tecnológicos olvidando a nuestros fieles libros... Apuesto a que por cada iPad o Smartphone nuevo y mejorado, hay una centena de jóvenes menos que ignoran cómo se escribe la palabra "alhambra" -sin utilizar Google, por supuesto. Los libros desaparecen y en muchos casos nos quedamos con un mero resumen o interpretación que alguien -quien dudo que lo exprese con certeza- ha dejado amablemente en Internet.

¡He aquí una gran ironía! Literatura, que significaba lo escrito, los textos, las cartas, las letras... ¡sin libros! Y, lejos de los escritos originales, con las infinitas interpretaciones está siendo modificada en la red cada día. Amigos, tengo esa ya conocida sensación de que 1984 empezó hace tiempo y no hemos abierto los ojos aún.


¿Merece la Literatura desaparecer de esta forma? ¿Deberíamos alegrarnos por tanto ordenador y por tan poco libro? Me gustaría obtener respuestas a estas preguntas, no sin antes ser honesto y confesar que un servidor tiene un Smartphone, un ordenador portátil nuevo y que ha recurrido muchas veces a la lectura mediante el ordenador. 
¿Hasta que punto es correcta esta situación, pregunto a nuestros lectores?


Manu

"¿No te das cuenta de que el objetivo último de la neolengua es reducir la capacidad de pensamiento? Al final lograremos que el crimental sea literalmente imposible, porque no habrá palabras con las que expresarlo. Cualquier concepto que alguna vez haya existido se expresará con sólo una palabra, con su significado rigurosamente definido y todas las acepciones secundarias eliminadas y olvidadas. Ya estamos a punto de conseguirlo, pero el proceso continuará mucho después de que tú y yo hayamos muerto. Cada año que pasa habrá menos palabras y los límites de la consciencia serán cada vez más estrechos. Por supuesto que ni siquiera ahora hay motivos ni excusas para cometer crimental. Es simplemente una cuestión de autodisciplina, de control de la realidad. Pero cuando lleguemos al final ni siquiera necesitaremos eso. La Revolución se habrá completado cuando la lengua sea perfecta. Neolengua es Socing y Socing es neolengua... ¡Winston! ¿no se te ha ocurrido nunca pensar que para el 2050 a más tardar no quedará un solo ser humano vivo que pueda entender una conversación como la que estamos manteniendo? " -1984 (George Orwell)

3 de marzo de 2013

Las dos máscaras

¡Un muy feliz domingo a todos!
Nuestra excusa son los exámenes. Segundo de bachillerato nos la juega siempre que puede. Ahora estamos en un descanso, así que hemos pensado que no estaría de más dedicar algunas palabras a nuestros fieles lectores (si hay alguien que haya sido fiel, que se dé por aludido y nosotros le dedicaremos un azucarado café). Hoy estoy solo, lectores, así que espero amenizaros todo lo posible este domingo.

Amigos, ya hemos entrado en marzo, y este estúpido y sensual sol nos pone de ligero buen humor, de alguna forma (soy de letras, no sé explicarlo). Ya llega la primavera y nos volvemos absolutamente idiotas, como si hubiésemos salido de una película de Disney. Así que, en vez de entrar en el turbio tema de la primavera, retrocederemos en el tiempo un par de semanas. Montados en el DeLorean (que es moderno y tiene un brazo para sostener el café sin que se caiga), nos dirigimos a Carnaval.


Una pequeña gota de cultura en la taza nunca sobra, y es por ello que una breve introducción no hará daño. Los Carnavales se remontan a muuuuucho tiempo atrás. Nacieron junto con el teatro (imagináos si serán importantes), y las primeras fiestas reconocidas fueron en Grecia, s.VI a. C. Eran llamadas Dionisiacas en honor a Dionisos, dios del teatro y del vino (haceos una la idea de las fiestas que se montaban los griegos). Posteriormente, en Roma, fueron llamadas Bacanales en honor a Baco (mismo dios, distinto nombre), hasta que fueron prohibidas. Pero, ¿qué pasa cuando le dices a un niño que no puede comer galletas? Que las quiere con muchas más ganas. Los romanos no fueron una excepción, y si estas fiestas fueron prohibidas porque había demasiado alboroto y comas etílicos, acabaron siendo mucho más bestias, y fueron a peor.

En estas fiestas, como sabemos, la gente se disfraza, se pone una máscara... cualquier cosa, de forma que durante un día se conviertan en una persona distinta. Las razones podían ser religiosas o simplemente diversión. El quid de la cuestión al que quiero llegar, es el disfraz. Son muchas las culturas que asocian el disfraz elegido a un alterego de la propia persona. Un disfraz bajo el cual se puede hacer cualquier cosa, ya que mientras lo lleves, no serás del todo tú. Nosotros mismos podemos experimentarlo: algunos casos en los que, involuntariamente, hacemos un gesto o comentario propio de nuestro disfraz (eso sí, recalco, involuntariamente). Los disfraces se consideraron peligrosos, ya que hubo personas que no tardaron en darse cuenta de las atrocidades que se podían hacer bajo la cara de otra persona. Hubo hasta creencias de que al ponerte la máscara, cambiabas de persona (aquí mismo está el contraste religioso o supersticioso de los Carnavales). 

Por supuesto, fueron los más inteligentes los que le dieron la vuelta a esa creencia con éste lapidario enunciado: La gente con máscara, se quita la propia. El significado está claro, pero es domingo, así que ya estoy yo aquí para explicároslo con calma. Todos vivimos bajo una máscara, siempre, cada día al despertarnos llenos de ojeras, al mirarnos al espejo (que dudamos de si somos nosotros o un zombi), al hacer nuestra rutina. Actuamos por inercia, lo que es una máscara delante del resto del mundo. Y al ponernos la máscara de carnaval, en nuestro interior ocurría lo contrario: nos quitábamos la máscara de nuestra vida en la que por fin éramos nosotros mismos y no la persona de todos los días que se vale del café. Y puede ser realmente aterrador cómo podemos llegar a ser en realidad. 


Una pequeña idea y conclusión de estos pensamientos que podemos sacar: la máscara es tan metafórica como el Belén de la Biblia. Pero sí que hemos leído algo de razón en los párrafos anteriores. No necesariamente en Carnaval, sino en el día a día. Cuando, cualquier día, a un compañero se le cae esa máscara, y ese día ves cómo es en realidad. Esto está muy relacionado con lo que llaman el aura, podemos pensar. Podemos ser todo apariencia, y ni nosotros lo sabemos.

Así se entendía, y es muy probable que razón no les falte, pero, ¿qué opinan nuestros queridos lectores? Los comentarios están abajo, ¡que parece que se os ha olvidado!


Y, para terminar... ¡Amigos! No os pedimos que vayáis por la calle arrancando disfraces a la gente. Nuestra intención era una pequeña reflexión sobre el Carnaval y su historia. Nosotros seríamos un irlandés y una jugadora de rugby, al igual que algún caballero de estos blogs sería un deshollinador propio de un musical. Carnaval es de las fiestas más antiguas que tenemos, y ya de aquellas se celebraba por todo lo alto, así que desde nuestro blog, esperamos que hayáis disfrutado de él.

Muchas gracias, ya que siempre es un placer tener lectores que nos acompañen los domingos. ¡Café a cambio de una lectura!


Manu

"El maravilloso café con leche es la honrada cocaína de los artistas." - Miguel Mihura