2 de octubre de 2013

Saltar por SALTAR.

Saltar por saltar,
traspasar fronteras
zambullirse en lo imposible
y buscar el vacío
que esté más hambriento de
imprudencias.
Saltar por saltar,
sin precaución ni complejo,
desaferrando obstáculos,
pisoteando el hábito.
Saltar por saltar,
a sabiendo de que no hay brazo
dispuesto a amostiguar
inminentes caídas.
Reconociendo que no hubo
ni mano criminal,
ni mano amiga.
Saltar por saltar,
Saltar por
SALTAR.
Sin extraviarse en lo temido
y sin embargo
sin caída libre y en picado
no hay
renacimiento
garantizado.

-Poema original de Paula Herrero Blanco.

29 de septiembre de 2013

El día ha llegado.


Pues sí, amigos. Esto es un blog, y a pesar de que últimamente está tomando una dirección hacia la poesía, hoy me tomo la libertad de hacer una entrada para despedirme.
El día que tantos años llevamos temiendo, ha llegado. Nuestros caminos se separan, más de lo que querríamos. Sabemos que últimamente ya estaban bastante dispersos, pero no tanto como lo estarán a partir de ahora.
Soy yo el que se va y al que le encanta montar dramas, ya sabéis que a mí el teatro siempre me encantó. Si tuviera que nombrar o recordar cada momento con cada persona para despedirme de ella, ni todas las entradas de este blog podrían aguantarlo. Y sería injusto, pues la persona de la que me quiero despedir en esta magnífica entrada siempre acompaña mi nombre en cada firma de este blog.

Llevamos unos cuatro años con este blog y cinco años tomando un café cada domingo (en plural, porque este blog, aunque últimamente no lo parezca, es cosa de dos). Aún recuerdo la primera vez que decidimos ir a tomar un café un domingo por la mañana. Es más, aún recuerdo cuando este blog iba a llamarse "Copita nocturna". No éramos más que dos críos de 13-14 años con mil y un proyectos en la cabeza que se mezclaban con alguna que otra idiotez y locura, locos por Green Day y cuya única meta era formar una banda de rock.
Y si retrocedemos unos tres años más en el tiempo, habría que decir que nos llevábamos de pena, nos odiábamos y no podíamos ni vernos.
No sé ni cómo empezó ni el porqué, pero fuimos hermanos cuyos apellidos se hicieron famosos y pasaron a la posteridad.
¡Y las vueltas que da la vida! 

  Nuestros magníficos 13 años.
 
Parecía que lo teníamos todo: una merienda después de una jam session los viernes, un whisky los sábados y un café los domingos. Fuimos los mejores, cada semana nos coronábamos.
Teníamos todas esas autopromesas y proyectos de cara al futuro, inocentes de nosotros. Tal vez no debimos quemarlas en la hoguera de San Juan, el destino lo habrá entendido mal para que se hayan torcido las cosas...
Y bueno, luego llegó esa abominación llamada Bachillerato que nos fue separando poco a poco, distintos grupos de amigos, distintos horarios... pero el café no faltaba nunca. 
No sé ni qué nos pasó, pero poder vernos un día a la semana pasó a ser un mérito. Abandonamos la página, llegó la nueva generación del Whatsapp (ese endemoniado invento), nos llegaron los novios y las novias, alguna que otra pelea en los grupos, y, cómo no, esa zorra llamada PAU que nos limitaba el contacto.
Y ahora, nada. Ahora es cuando me voy yo y la universidad nos empieza a absorber a cada uno por su lado. Parece que este año ha sido una adaptación al cambio al vernos tan poco. ¿Pero ahora qué? Ya no hay "igual nos vemos hoy". Tanto tiempo sin pasar una semana juntos y ahora hay miedo de no cruzarnos más. Que es normal, que habrá más amigos y que mantendremos el contacto, como siempre (la generación Whatsapp lo permite), pero sinceramente, a mí me sabe mal haber acabado este año con tan pocas dosis de ti. Que si pudiera, pues pagaría por repetir un par de años de la ESO y volver a la vida en la que fuimos reyes, éramos idiotas y éramos felices con ello. 

Pero en esta entrada no te quiero decir nada de esto. Es más, lo contrario; que ante todo, siempre has estado ahí, como se suele decir entre amigos, pero me juego un brazo (siendo guitarrista) a que pocos lo dirán tan en serio como lo digo yo ahora. Te deberé mil disculpas y cien cervezas, pero un millón de abrazos, de cafés, de "¡chócalas!", de risas a gritos, y un laaaargo etcétera.
Me has aguantado hasta el final sin mandarme a tomar vientos (ambos sabemos que los dos tendemos mucho a hacer eso). Que 7 años después has seguido ahí, mutando en plena pubertad conmigo, dándonos a la mala vida y siendo increíblemente responsables estudiando (no; sabemos que no, y era lo mejor).
Nuestro propósito para este blog era amenizar los domingos a todas aquellas personas que se sintieran como el propio domingo, de vacío existencial, al igual que nosotros. Hemos vencido las peores resacas de nuestra vida para bajar a una terraza, tomar un chupito de zumo de naranja y un café, y ponernos a escribir como condenados.
Te deberé 10 millones de gracias por haber estado siempre a mi lado, y ahora que empieza este año, pocas oportunidades me quedan (ya sabes que siempre fui nostálgico y retrospectivo; algún día la vida me las pagará).

Yo, desde el sur, te deseo lo mejor en el norte: mucha fiesta, muchos amigos, y muchas otras cosas que no debería citar aquí, pues es un blog público (guiño guiño, codazo codazo, risa de Jim Carrey).
Y que cualquier día (y las tengo apuntadas) debemos cumplir todo lo que dijimos hace 3 años; así que prepárate para un Camino de Santiago, compra un mapa de España en el que empezar a marcar Comunidades Autónomas, prepara otro viaje a Irlanda, y el resto ya te lo iré diciendo.
Que han pasado años y mucho tiempo, pero yo te quiero como a nadie. Eres la mejor hermana que se podría tener, siempre estarás invitada a donde quiera que esté, aunque llegues tarde, y sólo te pediré que brindes a mi salud alguna vez por todos esos días (y sus respectivas y vergonzosas fotos) que pasamos juntos, o simplemente por la fiesta que llevamos siempre encima.


La pubertad nos ha dado fuerte, ¡míranos que guapos!

Así que, caminos diferentes, nos volveremos a ver más que seguro, pero echaré de menos tenerte al lado. No soy de decir tanta memez junta, y menos en un sitio en el que me pueda leer cualquiera, DAMN YOU, CRIS.
Siempre tendrás un hermano perdido por el mundo disponible a un café.

Te quiere mucho, te echará de menos, y seguirá vivo, respirará y sus conexiones neuronales harán lo que puedan,
Manu



25 de septiembre de 2013

La nada infinita de todo.

Mi más breve lenguaje
para decirte y nombrarte
cada una de las demencias
que mi vacía cabeza
sería capaz de cometer
si durante un "casi" te pudiera tener:
Nada, nada de todo.
Nada,
como la nada que sabe Sócrates
como la que nadie conoce,
la que puebla mentes ignorantes;
la nada post-mortem.
Una nada. La nada infinita.
Infinita, al fin y al cabo.
Infinita,
como son la demencias que cometería
por un "casi" a tu lado.

Manu Riaño.

30 de agosto de 2013

Hoy, te escribo adiós

Hoy, te escribo sólo a ti,
para decirte que me volviste loco,
para darte las gracias por todo,
para dejar claro que fue el principio de un buen fin.

Porque juntos creamos algo más que unos besos:
juntos vivimos un poema
bello, breve... un poema a su manera;
un poema que dejó ardiendo mis huesos.

Pero ahora tenemos los momentos contados.
Momentos, que no días
ni segundos que cuento en maravillas,
contigo el tiempo está sobrevalorado.

Que te echaré de menos,
a tí, a tus caricias, a tus abrazos,
al sabor de una sonrisa en tus labios,
a los días estivales de este sueño.

Y que si te vuelvo a ver, pues bien
porque podré comerte a besos otra vez.
Y si no, pues te sonrío y digo "adiós",
porque este poema fue bonito mientras duró. 

Manu Riaño.

26 de agosto de 2013

No es lo que quiero.


No. Recordarte no es lo que quiero.

Yo quiero volver a tener tu cuerpo.

Quiero mover el mundo entero

Antes que enterrar todo lo que siento en unos versos. 


Que me olvides es mi temor más fiero.

Sí, me fui yo, porque tú me dejaste ir

Dejé atrás todas mis ganas de vivir

Pero no me arrepiento.


Porque yo sé que me olvidarás

Que tal vez un día me recuerdes

Pensarás en mí, en nuestro último “para siempre”,

como yo en todos los besos que no me llegaste a dar.


Y sí, quizás algún día lleguemos a vernos

Pero tú ya habrás conocido a alguien.

Le sonreirás, como solías sonreírme antes

Y yo pensaré en otro nombre al escribir mis versos.


Pero eso no es lo que quiero

Solo quiero que si alguna vez oyes hablar de mí,

Recuerdes todos los abrazos que no te di,

Los que dejé escritos en un papel

Los que ambos dejamos perder

Yo por no quedarme

Y tú por dejarme correr.


Pero no, nada de esto es lo que quiero

Así que, desde hoy, abandono

Hoy dejo este sufrido amor monótono.

Y desde hoy, no te escribiré más versos.

Manu Riaño

25 de agosto de 2013

Todas las cartas de amor son...

Un muy feliz domingo a todos, el único día que no tenéis nada mejor que hacer que echarle ibuprofeno al café y dejaros caer contra el mueble más cómodo o cercano que tengáis (en mi caso, hoy ha sido el armario).
No os voy a mentir, no tengo nada que decir. Me inspiro para inspiraros a vosotros al fin y al cabo, así que escribiré por necesidad. Yo lo necesito, y hoy será de seguido (muy dadaísta todo).

Hay mañanas que me despierto rezando para que llegue la tarde, igual que hay veranos que me quedo esperando algo de lluvia y algo de otoño. Son unos días en los que te despiertas ligeramente mareado, sin saber dónde estás o quién narices eres, te olvidas de cómo funciona tu cuerpo o de cómo levantarte, y al diablo con tu vida.
Olvidas obviedades y te encuentras con que recuerdas estupideces. Odiosas mañanas.
Te recordé a ti (¡qué novedad!). Se me mezclaron los pensamientos y los sentimientos otra vez. Son cosas que pasan. Pero hoy pensé algo realmente gracioso: ¿quién narices eres tú?
Ignoro la respuesta y me es indiferente. Lo que me hizo gracia fue pensar en cómo era yo. Si era, (o fui, vete tú a saber cuánto tiempo ha pasado ya) o pretendía ser. O tal vez, querías que pretendiese ser, o yo quería que así fuera. No sé, podría pasarme la mañana entera pensándolo y la conclusión puede ser tan absurda que ni yo la entendería. Bueno, en verdad yo no suelo entender las cosas. Soy más de interpretar. Interpretar, sí, como quien interpreta una obra de teatro o la moraleja de un cuento. Mira tú, acabo de llegar al quid de mi perdición y sigo sin entender estas mañanas ni saber quién eres.
Escribo esto y me estoy dando cuenta de que parece una carta. Sobre la marcha. Me parece divertido. Precisamente, ayer estuve leyendo las cartas de amor de Pessoa, esas en las que dice "Todas las cartas de amor son, naturalmente, ridículas". Razón no le falta. En una de sus cartas a Ophélia (concretamente, la 36) me acordé de ti. Decía así:

<<No sé lo que quieres que te devuelva -cartas o qué otras cosas.Yo preferiría no devolverte nada y conservar tus cartas como memoria viva de un pasado muerto, como todos los pasados; como una cosa conmovedora en una vida, como la mía, en la que la progresión en los años corre pareja a la progresión en la infelicidad y en la desilusión.

Te pido que no hagas como la gente vulgar, que es siempre insignificante; que no me vuelvas la cara cuando pase a tu lado, ni tengas de mí un recuerdo en el que quepa el rencor. Quedemos, el uno ante el otro, como dos conocidos de la infancia, que se amaron un poco cuando niños, y aunque en su vida adulta sigan otros caminos y tengan otros afectos, conservan para siempre en un chamizo de su alma la memoria profunda de su amor antiguo e inútil>>.

Permíteme hacer una pausa, pues se me ha caído el café mientras escribía esto. Como te decía, razón no le falta, y aquí estoy yo, escribiendo una carta ridícula a un destinatario inexistente, escribiendo como si quisiera dirigirme a alguien, como si quisiera dirigirme a ti. ¿Y quién eres tú? Para que mentir, ni yo lo sé. Probablemente, según firme esta carta, la escribiré en mi portátil, y luego la romperé y la quemaré para que no se vea ni el café, ni el agua salada con la que se manchó.
Y aquí estoy, llegando a un final en el que parece que he escrito sin haber escrito nada, sin una conclusión y, como ya he dicho, sin nada. No soy intérprete, no os voy a sacar las conclusiones yo. Que interprete quien quiera intepretar. Que traduzca quien quiera traducir. Que entienda el que quiera entender.
Escribo por amor a la escritura, y todo escritor necesita una idea. Y yo te tengo a ti, a la mujer del Romanticismo que desaparecía cuando creías tenerla. La que en verdad, no existe.


Manu.

 [Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
ridículas.

También escribí en mi tiempo cartas de amor,
como las demás,
ridículas.

Las cartas de amor, si hay amor,
tienen que ser
ridículas]
 -Fernando Pessoa.

18 de agosto de 2013

Sleep is for the week.

"Sleep is for the weak".
No. Dormir no es para débiles. Dormir es para la semana.
Poder permanecer en un remanso inerte por inercia durante un puñado de horas cada día. No aspiramos a mucho más: nos levantamos y esperamos sentirnos realizados ejecutando una cadena de acciones completamente irrelevantes. Y lo peor llega en los días estivales, cuando aún siendo libres, la inercia nos tiene enjaulados en el pasado, limitando nuestras acciones nerviosas y motoras.
Sí, podemos caminar, dar un par de pasos y precipitarnos contra el sofá, hasta que nuestro estómago tome el control de nuestro cuerpo y la necesidad de nutrirnos sea insoportable (sólo entonces, nos levantaremos y daremos uso de nuevo a nuestras piernas). Y tal vez, sólo tal vez, tengamos la posibilidad y oportunidad de salir al exterior por voluntad propia. Y aquí llega el daño que sólo ocurre entre semana: no queremos. Nuestra voluntad ha sido drenada por el polvo acumulado en el sofá y derretida por el calor de las sábanas de nuestra cama. No nos apetece, estamos cansados (el cansancio producido por la improducción de no hacer nada, todo un verdadero misterio). 
Sin remedio alguno, omitimos cualquier posibilidad de movernos más de lo necesario, para que luego, en la atmósfera nocturna de nuestra habitación, nuestro cuerpo nos regaña por no haber hecho absolutamente nada y se vengue de nosotros inyectándonos una sacudida magmática, haciendo que la sangre llegue hasta el cerebro (por fin) y tengamos una erupción de ideas, desatando nuestro adrenalina y, cómo no, impidiendonos dormir. Eso sí, para que al día siguiente nos levantemos con la cabeza fría e inerte.
... ¿Verdad?

No. Mal. ¡Mal! ¡No me digas que te has sentido identificado! ¡Maldita sea!
Apuesto, querido lector, que eres esa clase de individuo que el día que le sacan de casa, bosteza ampliamente y dice estar cansado. ¡Pero despierta, merluzo!
Maldito sea el síntoma de agosto, todos los días parecen domingos y no hay quien os despierte. Os consumís a vosotros mismos echando raíces en vuestro salón, ¿y aún así decís que disfrutáis del verano?
Son trece los días que quedan para que empiece la melancolía otoñal de septiembre, ¡y vosotros ahí tirados! No le permitáis a vuestro cuerpo el lujo de controlaros ¡No os dejéis! 
¿Dónde quedaron las aventuras de volver en el primer tren de la mañana y tomar el desayuno en él? Cansados y sucios, pero con una sonrisa de oreja a oreja.
¡No! ¡No me vale la excusa de la escasez gente! ¡Mentira! No hay gente más necesaria que nosotros mismos con ganas de conocer. ¡Que despiertes, te digo!

Desde pequeño siempre he tenido miedo de quedarme atrapado en un mismo lugar, de que la monotonía controlase mi vida y no hubiera forma de escapar. Por este motivo, siempre he tenido escondida una mochila en un lugar seguro y cercano a la puerta, sabiendo que el día que la monotonía tome el trono absolutista en estas cuatro paredes, yo abdicaré y me exiliaré, donde sea, al lugar donde se reúne la gente que siente la misma necesidad de escapar, que busca un mechero para encender el cuerpo altamente inflamable en el que están, en forma de adrenalina y sentimientos reprimidos.
Donde quiera que estén, porque yo sé que existen. Lo sé yo, y lo sabes tú, lector. Personas que son incapaces de respirar tranquilos porque la necesidad de correr y conocer les está bloqueando los pulmones, personas que necesitan tener el horizonte como su única casa y vivir. 
Yo soy de esas personas. Y tú. Tú también. Porque sé que en algún momento tu cuerpo ha sentido un ligero cosquilleo mientras leías esto. Un cosquilleo que te incita a conocer y descubrir. Sí. Lo has sentido. Y si lo has sentido, eres de los nuestros.

¡Ah! Maldito otoño, símbolo de la vejez, y agosto, el úlimatum juvenil. 
No escaparemos vivos de esta vida, y ese es y siempre será el quid de vivir.
Y no, no me voy a pasar la vida quieto, esperando a que la brisa otoñal me susurre siempre al oído el tempus fugit

Que no. No. ¡No! ¡No me voy a quedar quieto esperando a Godot! ¡Que Godot me encuentre si puede! ¡Y que me encuentre cansado, sucio y con una gran sonrisa perdido en algún lugar del mundo!

¡Despierta, maldita sea!

Manu