20 de julio de 2013

Un sobre pacíficamente escrito

Muy buen fin de semana a todos.
Sí, me he dado cuenta de que no es domingo, pero qué narices, en verano nadie sabe qué día es, y como se suele decir, "Si llega la inspiración, que te coja trabajando".
Y sí, así me ha venido y me ha pillado con un lápiz en la mano y un papel en la otra, así que espero que esta entrada os amenice, cuanto menos, unos 10 minutos de vuestro tiempo.

Pero cada cosa a su debido tiempo, y hoy sustituyo la introducción por un pequeño inciso. El lector tiene todo el derecho a ignorar esta parte.
Esto es un blog, escribo mis ideas y también tengo mis historias. Y para historias, he de decir que he vivido la semana más intensa de todo el año. Han ocurrido tanto buenos como malos sucesos, y en muchos aspectos diferentes, así que os pido un mínimo de paciencia con mi persona (maldita sea, hasta se me rompió mi taza de café favorita hace un par de días). 
Lo que quiero decir, es que tal intensidad de sucesos ha conseguido que se me batieran las entrañas y ahora tengo los sentimientos en la cabeza y la lógica en los pies. Todo lo que pueda decir posiblemente sean incoherencias y sinsentidos, pero lo diré con toda la razón y será completamente verídico (¡Chúpate esa, Aristóteles! ¡Tú y tu razonamiento válido!). 
En otras palabras. Posiblemente nuestro querido "Café de los domingos" publique entradas cualquier otro día. Incluso pueden ser tres, o cuatro, todas el mismo día, o de una en una a lo largo de la semana, o lo más probable: que se me olvide otra vez el dichoso blog. En cualquier caso, sí habrá una actividad más continuada. Trataré que el lector no sienta que pierde el tiempo leyendo esto, sino que saca conclusiones y disfruta de un tiempo bien amenizado con estas entradas. El primer derecho del lector es el derecho a no leer, así que, como se suele decir (con un ligero cambio verbal), el que quiera leer, que lea.
-Fin del inciso, comienza la entrada-.


Estimados individuos que mueven torpemente los hilos de mi presente y futuro,
Les escribo esta "carta" con motivo de sus recientes (aunque ya tienen su tiempo) acciones en el poder, con las que tanto dicen ustedes que velan por nosotros, por el futuro de nuestra situación. Antes de empezar, sí; han leído ustedes bien el destinatario: "individuos", ya que no es sólo un individuo quien causa semejante error en el poder, sino unos cuantos; una anglomeración de individuos de distinto origen, el cual desconozco, pero sé y mantengo con firmeza que existe, y quisiera dirigirme a ellos, por muy encima de mí que estén. 
Ustedes no hacen nada bien. Nada. Nosotros nos volvemos nihilistas porque, en efecto, ustedes no tienen nada, ni nos ofrecen nada en lo que creer, más que falsas promesas y duros problemas que (causados por ustedes) nosotros tenemos que afrontar. Estoy seguro de que esta carta no les incordiará. Ni se molestarán en leerla. La arrugarán y la tirarán a la chimenea de su increíble vivienda situada en algún hermoso lugar del mundo. Se terminarán su magnífica cena de gran calidad, apurarán la copa de vino importado, y se acostarán sin remordimiento alguno. He de decir que despiertan mi más sincera admiración al no sentir ningún remordimiento. Se acuestan, sabiendo que se alimentan de la vida y la desgracia de otras tantas personas a las que les juran un futuro próspero, y no sienten nada, mas que una inmensa satifacción personal. Ciertamente, admirable. No he conocido a ningún ser humano que sea capaz de hacer eso, realmente retorcido; les felicito. 
Pero siento traerles de vuelta a la realidad. Tal vez se acuerden de ese país al que tienen que ayudar. No está muy lejos de Suiza (últimamente, estamos siempre al lado). Ese país en el que sólo hacen ustedes presecia para hablarnos de los tiempos duros que corren, para alentarnos, para infundarnos algo de fe en el futuro y jurarnos por su sagrado sueldo que llegarán tiempos mejores. Luego se despiden montando en su coche (pagado por nosotros el Estado) con la gasolina recién repuesta (también pagada) en dirección a su vivienda. Se lo agradecemos mucho. Sabemos que no pueden hacer más. Son incapaces. Llegan, toman lo bueno, se disculpan, y se van. Es asombroso. Al menos se disculpan, un parásito cualquiera del reino animal no se habría disculpado. Admirable.
Ustedes lo tienen todo, y a pesar de eso, quieren seguir velando por este país (si es que es el verbo adecuado), mostrando su ayuda, demostrando que están ustedes ahí, a nuestro lado, haciendo todo lo posible por conseguir lo mejor para ustedes nosotros.
Sí, por supuesto que confiamos en ustedes... Pero quisiera advertirles que han cometido un error. Un gran y terrible error. Nos educaron, como a cualquier otro país civivilizado, a pedir pacíficamente lo que es nuestro. Hicieron bien, pues son nuestros derechos. Más tarde, encontraron la forma de conseguir una mayor prosperidad en su vida, aunque para ello tuvieron que cortar los alambres que sostenían y alimentaban nuestra Educación Pública, que cedió "amablemente". Entonces, nos educaron a exigir pacíficamente lo que es nuestro. Y ahora, como si de un círculo vicioso se tratase, dictan ofrecen como solución a nuestros problemas una mayor puñalada a la Educación. La limitan, limitan los derechos por los que tanto luchó, la ensucian, la recriminan, la mancillan, la prostituyen.
Y entonces, lo que han conseguido ustedes, nada más y nada menos, es que la Educación abriera los ojos. Y con ella, miles de jóvenes a los que aún no han podido convencerles de lo que ustedes hacen por este país. Ahora, nos han mostrado el camino para levantarnos y tomar, pacíficamente, lo que nos pertenece.
He de decir que casi lo consiguen. Casi nos encierran en la perdición. Casi consiguen convencernos de que era el único camino. Es irónico que sus propósitos hayan ido al revés, ¿no creen? Si aún siguen leyendo esta carta, les diré que yo, un joven cualquiera, estudio las Humanidades y Bellas Artes. Por si no las recuerdan, son esas ramas del conocimiento que casi consiguen extinguir (y que siguen trabajando en ello) y a las que tanto miedo tenían. Son las materias que han conseguido movilizarnos, las que nos han enseñado que las cosas no son como dictan los de arriba, las que abrieron los ojos hace 70 años, hace 200 años, y hace dos milenios. Gracias a las cuales, nosotros despertamos de sus somnolientas mentiras promesas, y desembocará en lo inevitable: una respuesta negativa. Una respuesta negativa de personas que nos oponemos a sus acciones, a sus reformas, a sus ideas. Una negativa a la cual ustedes siguen atacando, sin descanso; y lo hacen violando más y más la Educación.
Como dije al principio de esta carta, mis motivos eran advertirles de su error. Sé que el ser humano siempre tropieza con la misma piedra, y me sorprende que ustedes no se hayan dado cuenta de que con esa solución no les irá bien. Me sorprende su comportamiento inhumano. Cada ataque que cargan contra nosotros, los jóvenes, los estudiantes, la Educación, la negativa será aún mayor. Nos separan de la Educación, e irónicamente, nos separan del control que alguna vez tuvieron sobre nosotros. Y ahora que han llegado a este punto, no hay vuelta atrás para ustedes. No tienen nada que hacer, nosotros hemos descubierto la cortina de humo que se cernía sobre nosotros. Ahora, a cada mal paso que den, estaremos nosotros. A cada manipulación, cada estafa, cada mentira, cada sobre con dinero blanqueado, cada soborno, cada pacto oculto, cada recorte... cada prueba que demuestre que nos engañan, alimentará nuestras dudas y nuestro deseo por un cambio. Nos han abierto los ojos. Empezaron por lo peor: nos quitaron la Educación. Nosotros no seremos tan benevolentes con ustedes por reírse de nosotros desde su prosperidad. Queremos lo que es nuestro. Lo queremos ya.
Ustedes, tan mentirosos, tan estafadores, tan terriblemente dramáticos.
Ustedes, con sus actos vergonzosos, con sus manipulaciones, con sus engaños.
Ustedes, restándonos enseñanza, evitando que conozcamos su odioso sistema lleno de falsedades.
Ustedes, rompiendo familias, rompiendo futuros, resquebrajando nuestro presente, escapando impunes cual parásito sin sentir un mínimo remordimiento.
Ustedes, y les aseguro que esta será la última vez que me vayan a ver tratándoles con un mínimo de respeto (el que me arrebataron por la fuerza), no saben lo que han conseguido.

Vosotros estáis consiguiendo que meditemos acerca de "tomar pacíficamente lo que es nuestro". Somos más que un 6'5 y os aseguro que no queréis ver como cambiamos ese adverbio después de ser engañados tan patéticamente.
Estimados individuos que mueven torpemente los hilos de nuestro presente y futuro; os aseguro que este será el último sobre que vayáis a recibir.


Atte,
Manuel Riaño Martínez.

Un placer haber podido compartir esto con todos mis lectores. 
¡Que pasen ustedes un gran fin de semana!
Manu

7 de julio de 2013

¡Que viva la poesía romántica!

Muy buenos domingos y feliz verano a todos. ¡Increíble que por fin haya llegado tan esperada estación del año!
Hoy, bien entrado julio, me declaro un hombre libre. Y con libre quiero decir tener la oportunidad de escribir esta entrada en ropa interior, con un inmenso sol entrando por la ventana, disfrutando de alguna que otra brisa aleatoria, y tomando un buen helado semi-derretido de turrón con mi café. ¡Oh! Respirar hondo y que entre un vendaval de buen humor en mis pulmones mientras doy otro sorbo a mi taza. ¡Hoy creo en Dios, como bien diría Bécquer!
Y qué decir tiene, que un domingo así merece ser aprovechado. No sólo este, ¡todos cuantos podamos! No volveremos a ser tan jóvenes como hoy, al fin y al cabo. Así que, en el momento en el que usted, querido lector, termine de leer esta entrada... ¡salga fuera, leñe! ¡Que en nada se nos nubla todo otra vez!

Bien, lectores. Hoy querría dedicar una entrada a los autores románticos. No "románticos" de autores "tiernos y con mucho amor". No. Románticos del siglo XIX que hablan con hipérboles. Y todo empieza con un agradable paseo nocturno...
No hay nada mejor que dar una bocanada de aire en un puerto con la vista perdida en el horizonte marítimo, y mejor si es en medio de una noche en la que la brisa refresca y el cielo estrellado te pilla desprevenido. Son Noches de poesía, si se me permite denominarlas así. No hay mejor momento para pensar que una noche de verano.

Sólo escuchaba el rumor de las olas contra el muro del puerto. Podía oír, si prestaba atención, el crepitar de las minúsculas llamas que reducían a cenizas el cigarrillo. En medio de aquella agradable noche, por alguna razón, el viento decidió traer algo de inspiración consigo. Una agradable inspiración llena de ideas que enseguida invadieron mis pulmones y nublaron mis pensamientos más lógicos (y casi me caigo al mar). En ese caos de ideas, hubo una pregunta que, sin venir a cuento y sin una maldita razón aparente, me encendió la curiosidad, se deslizó por mis arterias, y cuando llegó a la cocotera, no encontré forma de ignorarla.
En ese momento dí por finalizado el sosiego nocturno, y ahora querría preguntar a mis lectores la misma pregunta que se me vino a la cabeza.

¿Qué dirían los románticos del XIX si nos viesen ahora?

Sí, los románticos. Todos aquellos autores que adoraban la noche. Ah, los románticos. Aquellos que tanto lucharon por una verdadera revolución. Los que volcaban su botella contra el papel para escribir. Los que lo decían todo en tan solo unos versos. Los que daban su vida por algo de poesía. Los que añoraban la libertad... ¿Qué fue de ellos? Bueno, supongo que tanto sentimiento acabó ahogándoles. Unos quisieron ser más subjetivos. Otros dejaron para siempre la bebida. Y otros fueron románticos hasta el final, como lo fue Larra.

Pero, ¿sabéis qué creo que harían si nos viesen?
Todos ellos observarían, impotentes y tristes, un mundo realista que no da lugar a las ensoñaciones. Un mundo que busca, ciego, razones para una revolución cuando tienen más que de sobra (y, al fin y al cabo, ¿quién necesita razones para una revolución?). Un mundo donde se dejó de buscar la libertad para dar la espalda a los sentimientos. Donde formar parte del día a día, aferrarse al trabajo, evitar caer en lo antisocial... pasó a ser la "libertad". Y entonces, sentí cómo Espronceda empezaba a gritarme dentro de mi cabeza, frustrado, casi sacudiéndome por los hombros. Tenía ganas de agarrar un barco y huir, de escupir algunos versos, de gritar a todos que la vida es demasiado corta para vivir sin poesía. Que, al fin y al cabo, la única esperanza que le queda a este mundo somos nosotros, los que aún no hemos caído en la trampa de la realidad, a los que se nos enciende de vez en cuando la llama del Romanticismo, a los que aún se nos permite tener sueños: los jóvenes. Y entonces, nos llega ese sentimiento... Cuando nuestras entrañas se contraen y una vaga sensación similar al miedo (el miedo ancestral de separarse y partir, el misterioso recelo a conocer lo nuevo) nos recorre la piel y nos tortura, y todo nuestro cuerpo angustiado siente, como si fuese nuestra propia alma gritando, un inexplicable deseo por sentirnos de otra manera.

Algo ha ido terriblemente mal y son en estos momentos que nos brinda la vida en los que uno se da cuenta. Necesitamos esa libertad, necesitamos tomar esas decisiones que el alma nos pide a gritos, escucharla, darnos cuenta de que los latidos de emoción contenida al hablar de esta libertad ensordecen el silencio.
Necesitamos volver a ser románticos, necesitamos poesía, necesitamos volver a tener ganas de vivir. Y lo necesitamos ya.

¿Qué pensarían los románticos?
Las opiniones son siempre bienvenidas.
¡Feliz domingo a todos!

Manu

7 de abril de 2013

La ironía en su esplendor literario

Muy buenas a todos nuestros fieles lectores. Hoy me voy a tomar la libertad de escribir una pequeña crítica a unos cuantos acontecimientos que he estado observando. Todos sabemos que la literatura y la cultura están ahogándose en el abismo del olvido, y como suele pasar, hay días en los que estallo y exijo un mínimo respeto por ellas; aunque sean unos cinco minutos de silencio con una lectura. 
Café nocturno en mano, y vamos allá.

Estamos ante el principio del fin de la Literatura, tal y como la conocemos. Le estamos otorgando un significado completamente diferente al de su origen y olvidando todo lo que se sabía de ella (y he de decir que Literatura viene del latín littera, litteras, que significa letra, escrito, texto o carta). Todo ello, amigos míos, gracias a las ventajas que nos ofrecen los avances tecnológicos: una Literatura en la que no son necesarios los libros. 

Actualmente, parece ser que si queremos conocer algo sobre la literatura española a principios del siglo XX, es más fiable una escueta opinión anónima del divino Internet, que la lectura de los libros del propio Miguel de Unamuno. Los jóvenes ya no tienen interés en estudiar si no es ante una pantalla con sus amadas redes sociales, su necesario blog para poder expresarse, y otras tantas cosas en las que emplear su tiempo y agotar su vista.
Los libros ya no parecen tener importancia en su vida, al igual que la cultura, acompañada con la -al parecer- obvia pregunta de "¿Para qué narices te va a servir eso en la vida?". Temo que en un par de décadas ningún estudiante sepa decir cuántas Repúblicas vivió España; o peor aún, que duden si Julio César existió o no (y es que ya se han dado estos casos reales en ciertas universidades). 

Alardeamos de nuestros avances tecnológicos olvidando a nuestros fieles libros... Apuesto a que por cada iPad o Smartphone nuevo y mejorado, hay una centena de jóvenes menos que ignoran cómo se escribe la palabra "alhambra" -sin utilizar Google, por supuesto. Los libros desaparecen y en muchos casos nos quedamos con un mero resumen o interpretación que alguien -quien dudo que lo exprese con certeza- ha dejado amablemente en Internet.

¡He aquí una gran ironía! Literatura, que significaba lo escrito, los textos, las cartas, las letras... ¡sin libros! Y, lejos de los escritos originales, con las infinitas interpretaciones está siendo modificada en la red cada día. Amigos, tengo esa ya conocida sensación de que 1984 empezó hace tiempo y no hemos abierto los ojos aún.


¿Merece la Literatura desaparecer de esta forma? ¿Deberíamos alegrarnos por tanto ordenador y por tan poco libro? Me gustaría obtener respuestas a estas preguntas, no sin antes ser honesto y confesar que un servidor tiene un Smartphone, un ordenador portátil nuevo y que ha recurrido muchas veces a la lectura mediante el ordenador. 
¿Hasta que punto es correcta esta situación, pregunto a nuestros lectores?


Manu

"¿No te das cuenta de que el objetivo último de la neolengua es reducir la capacidad de pensamiento? Al final lograremos que el crimental sea literalmente imposible, porque no habrá palabras con las que expresarlo. Cualquier concepto que alguna vez haya existido se expresará con sólo una palabra, con su significado rigurosamente definido y todas las acepciones secundarias eliminadas y olvidadas. Ya estamos a punto de conseguirlo, pero el proceso continuará mucho después de que tú y yo hayamos muerto. Cada año que pasa habrá menos palabras y los límites de la consciencia serán cada vez más estrechos. Por supuesto que ni siquiera ahora hay motivos ni excusas para cometer crimental. Es simplemente una cuestión de autodisciplina, de control de la realidad. Pero cuando lleguemos al final ni siquiera necesitaremos eso. La Revolución se habrá completado cuando la lengua sea perfecta. Neolengua es Socing y Socing es neolengua... ¡Winston! ¿no se te ha ocurrido nunca pensar que para el 2050 a más tardar no quedará un solo ser humano vivo que pueda entender una conversación como la que estamos manteniendo? " -1984 (George Orwell)

3 de marzo de 2013

Las dos máscaras

¡Un muy feliz domingo a todos!
Nuestra excusa son los exámenes. Segundo de bachillerato nos la juega siempre que puede. Ahora estamos en un descanso, así que hemos pensado que no estaría de más dedicar algunas palabras a nuestros fieles lectores (si hay alguien que haya sido fiel, que se dé por aludido y nosotros le dedicaremos un azucarado café). Hoy estoy solo, lectores, así que espero amenizaros todo lo posible este domingo.

Amigos, ya hemos entrado en marzo, y este estúpido y sensual sol nos pone de ligero buen humor, de alguna forma (soy de letras, no sé explicarlo). Ya llega la primavera y nos volvemos absolutamente idiotas, como si hubiésemos salido de una película de Disney. Así que, en vez de entrar en el turbio tema de la primavera, retrocederemos en el tiempo un par de semanas. Montados en el DeLorean (que es moderno y tiene un brazo para sostener el café sin que se caiga), nos dirigimos a Carnaval.


Una pequeña gota de cultura en la taza nunca sobra, y es por ello que una breve introducción no hará daño. Los Carnavales se remontan a muuuuucho tiempo atrás. Nacieron junto con el teatro (imagináos si serán importantes), y las primeras fiestas reconocidas fueron en Grecia, s.VI a. C. Eran llamadas Dionisiacas en honor a Dionisos, dios del teatro y del vino (haceos una la idea de las fiestas que se montaban los griegos). Posteriormente, en Roma, fueron llamadas Bacanales en honor a Baco (mismo dios, distinto nombre), hasta que fueron prohibidas. Pero, ¿qué pasa cuando le dices a un niño que no puede comer galletas? Que las quiere con muchas más ganas. Los romanos no fueron una excepción, y si estas fiestas fueron prohibidas porque había demasiado alboroto y comas etílicos, acabaron siendo mucho más bestias, y fueron a peor.

En estas fiestas, como sabemos, la gente se disfraza, se pone una máscara... cualquier cosa, de forma que durante un día se conviertan en una persona distinta. Las razones podían ser religiosas o simplemente diversión. El quid de la cuestión al que quiero llegar, es el disfraz. Son muchas las culturas que asocian el disfraz elegido a un alterego de la propia persona. Un disfraz bajo el cual se puede hacer cualquier cosa, ya que mientras lo lleves, no serás del todo tú. Nosotros mismos podemos experimentarlo: algunos casos en los que, involuntariamente, hacemos un gesto o comentario propio de nuestro disfraz (eso sí, recalco, involuntariamente). Los disfraces se consideraron peligrosos, ya que hubo personas que no tardaron en darse cuenta de las atrocidades que se podían hacer bajo la cara de otra persona. Hubo hasta creencias de que al ponerte la máscara, cambiabas de persona (aquí mismo está el contraste religioso o supersticioso de los Carnavales). 

Por supuesto, fueron los más inteligentes los que le dieron la vuelta a esa creencia con éste lapidario enunciado: La gente con máscara, se quita la propia. El significado está claro, pero es domingo, así que ya estoy yo aquí para explicároslo con calma. Todos vivimos bajo una máscara, siempre, cada día al despertarnos llenos de ojeras, al mirarnos al espejo (que dudamos de si somos nosotros o un zombi), al hacer nuestra rutina. Actuamos por inercia, lo que es una máscara delante del resto del mundo. Y al ponernos la máscara de carnaval, en nuestro interior ocurría lo contrario: nos quitábamos la máscara de nuestra vida en la que por fin éramos nosotros mismos y no la persona de todos los días que se vale del café. Y puede ser realmente aterrador cómo podemos llegar a ser en realidad. 


Una pequeña idea y conclusión de estos pensamientos que podemos sacar: la máscara es tan metafórica como el Belén de la Biblia. Pero sí que hemos leído algo de razón en los párrafos anteriores. No necesariamente en Carnaval, sino en el día a día. Cuando, cualquier día, a un compañero se le cae esa máscara, y ese día ves cómo es en realidad. Esto está muy relacionado con lo que llaman el aura, podemos pensar. Podemos ser todo apariencia, y ni nosotros lo sabemos.

Así se entendía, y es muy probable que razón no les falte, pero, ¿qué opinan nuestros queridos lectores? Los comentarios están abajo, ¡que parece que se os ha olvidado!


Y, para terminar... ¡Amigos! No os pedimos que vayáis por la calle arrancando disfraces a la gente. Nuestra intención era una pequeña reflexión sobre el Carnaval y su historia. Nosotros seríamos un irlandés y una jugadora de rugby, al igual que algún caballero de estos blogs sería un deshollinador propio de un musical. Carnaval es de las fiestas más antiguas que tenemos, y ya de aquellas se celebraba por todo lo alto, así que desde nuestro blog, esperamos que hayáis disfrutado de él.

Muchas gracias, ya que siempre es un placer tener lectores que nos acompañen los domingos. ¡Café a cambio de una lectura!


Manu

"El maravilloso café con leche es la honrada cocaína de los artistas." - Miguel Mihura

13 de noviembre de 2012

Cicerón merece un penalti.

Lamentamos el retraso del domingo pasado. Inconvenientes. Sé que no es domingo, pero mejor tarde que nunca, dado que no siempre tienes la oportunidad de encontrarte inspirado sabiendo que estás de exámenes finales. Hoy hice café, ergo, para mí es domingo.

El tema del que quisiera hablar esta oscura y nubosa noche viene a cuento de la cercanía de la huelga general.

Nada más ni menos, iré contra todo el mundo. Hoy juego con equipo. Platón a la portería, Fidias, Scopas y Polícleto de defensas. Virgilio y Aristófanes, centrocampistas. Cicerón y Tito Livio, delanteros. En el banquillo: Aristóteles, Otelo, Praxíteles y Sófocles.
Pues, ¡allá vamos!


¿Qué nos ha ocurrido?

Lo que le ha ocurrido a esta sociedad es que ha conseguido aplastar más de 3.000 años de cultura, arte, lengua y evolución… ¡Con tan sólo un estadio de fútbol! ¿A quién le importan las artes y las humanidades hoy en día? ¿Son acaso necesarias? ¡Imagínense! El Panteón de Agripa reconstruido y convertido un campo cubierto. El Coliseo de Roma hecho un inmenso estadio. ¿Y las esculturas? No habrán cambiado su función: serán modelos propagandistas, auténticas obras de arte de importantes personajes de la época. En este caso, serán futbolistas.


No nos metamos mucho en este tema; podríamos salir muy mal parados. No vayamos a decir nada malo del fútbol, pues parece que nosotros nos lo buscamos. Ya se decía hace 2.000 años: al pueblo, panem et circenses. Había que entretenerlos. Los altos cargos no se podían permitir dejarles pensar. ¡Y hasta dónde hemos llegado! Nos hemos excedido. Ya nadie le da importancia a la cultura. Ahora la cultura es el fútbol, es conocer los equipos de primera, segunda (y para los más cultos, hasta tercera) división, es ser capaz de nombrar el nombre de cada jugador… Fíjense ustedes, ¡ni el ganador de los Juegos Olímpicos en la Antigua Grecia gozaba de tanta gloria!


“¿Cuál es el problema?” preguntarán los que les da igual este cambio. Pues que los más espabilados, los que tenemos por encima de nosotros, aprovechan y quieren cortarnos ese lazo que nos ha unido durante tanto tiempo con la cultura (la cultura de verdad, si hace falta decirlo). Quieren que desaparezcan las artes, quieren hacer desaparecer el latín, ¡y ya que estamos, el griego también!


Buscan una sociedad de gente ignorante, que no sepa lo que se les viene encima. ¡Que no sepan latín ni griego, que luego conocen más lenguas! ¡Y se acercarán al origen de los pensamientos clásicos! ¡Y además, sabrán demasiada cultura! Quite quite, no vayan a aprenderse nuestra historia y nuestro pasado, que luego se dan cuenta de que las cosas no funcionaban así. Cuanto menos sepan qué ocurrió, menos sabrán lo que ocurre y ocurrirá. Vamos a ponerles la Champions, que ya toca hacer recortes, y hay que librarse ya de la Educación.


Y sin ir más lejos, ya tienen el plan: se acaba el bachillerato de Artes. Se acaba el griego en Humanidades. La posible desaparición de Historia en 4ºESO como materia obligatoria (al igual que pasó con el Latín hace unos años). Mientras los sueldos y el dinero que mueve y engloba al fútbol ha alcanzado cifras desorbitadas. Ya ni el dinero vale para la educación.


Muchos seguirán manteniendo que todas estas cosas no sirven para nada, y lamento que penséis así. Y lo peor, me duele. Miles de jóvenes y adultos habrán perdido su futuro y su trabajo... ¡y los que quedan! Entendemos que el fútbol sea un gran entretenimiento, para eso existe. Pero el mundo ya ha hablado: antes el fútbol que la educación. Y así nos hemos quedado. Y todo esto lo escribo realmente apenado. No hay más. Tan sólo digo que Cicerón merece un penalti en esta sociedad.
Siento los posibles desacuerdos.
Manu.

4 de noviembre de 2012

Espíritu pre-navideño

Buenos días y mediodías a todos. Hoy quisiera dedicarle esta parte del blog (a la que he bautizado como esa longeva introducción llena de paréntesis y acotaciones) a mi compañera Cris, que actualmente no está actualizando conmigo. Ella, que es vaga y despreocupada, aún más vaga que despreocupada... Algún día, la pobre morirá por pereza a respirar. Su ingenuidad y despiste acabarán con ella de alguna forma poco común (metiendo un cuchillo en el microondas, o en la tostadora). Aún así, yo la quiero... pero espero que no vuelva a dejar colgado el blog de esta manera tan vil y cruel. ¡Decepcionando a nuestros lectores cuando más nos leían (o decían leernos)!

¡Lo dicho! ¡Hola de nuevo todos! 
Como habréis comprobado, el café de los domingos es el único lugar que se toma un puente y no parece corto. 
Bueno, lo que pasó fue que (excusa barata en la que acabaré echando la culpa a Cris). Pasemos hoja.

Un fin de semana más (o menos, depende de cómo de positivos os hayáis levantado hoy o de la resaca que tengáis) por nuestra pequeña capital asturiana. Sabemos que tanto vosotros como yo deberíamos estar estudiando. Pero como estáis leyendo esto, vamos a sobreentender que no tenéis ganas y que estáis dispuestos a leernos (somos la única lectura obligatoria del fin de semana, no os quejéis).
Podría hablaros de los exámenes de Bachiller, del día de Todos los Santos, de Halloween (pronunciado Jalogüin) y su TOP TEN de disfraces putillas... ¡PERO NO! Me voy a adaptar al mundo actual y hablaré, nada más ni menos... ¡de la Navidad!
¡Preparaos! ¡Coged vuestros chupitos de zumo de naranja natural! ¡Agarrad esa jarra de café!

Estamos viviendo una etapa conocida como la pre-Navidad. Cuándo empieza, os preguntaréis. Pues, siendo escuetos, empieza desde que ves el primer Papá Noel colgado vilmente en una ventana... sin ser diciembre. Son esas ansias de los ciudadanos por querer que empiece la Navidad... y tantas son las ansias que acaba por volverse una insana obsesión, provocando una decadencia del tejido nervioso, y que termina con la paranoia o alucinación de que a la primera ráfaga de viento gélido, es Navidad (o de que el hecho de colgar adornos por las ventanas les permitirá acelerar el tiempo, pero no llegan a ser tan neuróticos). Este síndrome, además, es muy contagioso. Al primer vecino que lo padezca, puede extenderse rápidamente por el edificio, y luego por el vecindario, y por la calle, y por tu barrio... y no existe ninguna cura conocida. Cabe destacar también que es una enfermedad muy prolongada, ya que, empezando ésta en octubre o noviembre, hasta finales de febrero no hay atisbo de su fin. La pereza les impide quitar todos esos adornos que pusieron con tanta felicidad e ímpetu meses atrás... (aquí se parecen a Cris).

Pero, ¿qué ocurre desde el periodo de incubación hasta el fin de la enfermedad? Esos días entre diciembre y enero...
Amigos, ese es el peor momento de la enfermedad, que ha conseguido atravesar las fibras nerviosas y penetrar de lleno en el cerebro. Todos los afectados son fácilmente reconocibles mediante los siguientes síntomas:

-Ojos desorbitados y sonrisa bobalicona.
-Continua observación en los escaparates.
-DICEN que va a NEVAR (pobres inocentes).
-Cantan molestos villancicos, aún sabiendo que no tienen ni pies ni cabeza, y que nadie quiere escucharlos.
-Ridículos gorros blancos y rojos, acabados en punta y pompón.
-La ilusión por ver caballos y otros animales exóticos en la ciudad por las calles.
-Idiotismo colectivo con inexplicable buen humor.
-La excusa de "ES NAVIDAD" como respuesta para todo. En cualquier situación (que lamentablemente incluye consecuencias 9 meses más tarde).

Pero lo que más me asombra (y a quién no) son las múltiples compras absurdas que podemos llegar a hacer. 
"Eh cariño, he comprado este espumillón color dorado-Freddie Mercury porque creo que podemos sacarle provecho a lo largo del año". 
"Oye, este traje de elfo puede servirnos de ahora en adelante". 
"¿Quién no querría un CD de top villancicos del año?". 
"¡NECESITAMOS MÁS TURRÓN, POLVORONES Y MAZAPANES, NO HAY SUFICIENTES!".
Y mi favorito:
"¿CON LO QUE CUESTA EL IPHONE 5 Y LO INÚTIL QUE ES? QUE TU MADRE Y YO NO SOMOS UN BANCO". 
Que luego en Navidad se convierte en un: 
"Eh, es Navidad. ¡Un iPhone 5 de esos nuevos para el crío!".

¿Pero qué nos pasa? ¿De verdad estamos tan necesitados de la Navidad? ¿Tanto necesitamos una excusa para evadirnos del día a día? ¿Para cantar, comer, y estar idiotizados por el consumo?
Siempre me ha fascinado la forma en la que ignoramos la crisis en estas fechas. No la ignoramos del todo, pero le prestamos menos atención. No nos quejamos tanto, y sólo oímos el "qué mas da, ¡si es Navidad!". Navidad, Navidad, Navidad... parece que tenemos marcado en el calendario los días que podemos ser felices (y cómo debemos serlo). Los días en los que, estando medio arruinados, no nos importa nada decir "Hoy nos tomamos un buen Vega Sicilia". Es la época en la que hay que ser amables, hasta con quien no soportamos (porque ¡es Navidad!). Es la época de la felicidad y curiosamente está ligada al dinero en demasiados aspectos. Y claro, ¿quién quiere ser el ruin que no celebre la Navidad?

Cada año entiendo menos estas fechas, así que haré como Mark Hoppus... Me asustáis, manteneos al margen de mi casa. Si no queréis sacarme de quicio, dejadme los regalos y largaos.

Antes de darnos cuenta, estaremos tiernos, gordos, abrazando hasta las farolas, tarareando canciones absurdas y navideñas... ¡Es peor que lo que se te ocurre hacer a partir de las 2:00 AM!

Lectores, yo sólo busco esconderme. Antes de darme cuenta, ya no tendré un café en mi mano, sino un tazón de chocolate caliente, repleto de dulces nubes, recubierto de azúcar, con un polvorón colgado y una tira de espumillón amarilla a lo Freddie Mercury adornando la taza. ¡No nos queda mucho tiempo! ¡Escapad ahora que podéis, inocentes! ¡Los iPhones 5 empiezan a ser tentadores para los padres! ¡Ya hay ofertas en los mazapanes y polvorones! ¡Ya hay colgados ridículos muñecos en las cornisas!
Y lo peor, ¡aún es noviembre!

Parodia dedicada a todos aquellos que se mueren por unas Navidades, ¡no dejéis de leernos! Aunque tardemos tanto en actualizar.

Manu

2 de septiembre de 2012

Abrazando septiembre

Como de costumbre cada cuatro o cinco meses, aquí regresamos prometiendo volver a las andadas con una entrada nueva. Pero esta vez en serio. Otra vez. De nuevo. En serio. De verdad. Lo juramos.

Nuestra vagancia, vacaciones, estar separados tanto tiempo y demás excusas que se nos van ocurriendo nos han impedido dar parte de nuestra existencia por estos lares durante el pestañeo que ha durado el verano, pero ahora que el terrible Septiembre ha llegado y empezamos segundo de bachiller tendremos mucho más tiempo para actualizar. ¡Ahora con entradas un 21% más sarcásticas que de costumbre!

Podríamos hablar de la nueva longitud de la barba de Manu, del nuevo tamaño adquirido de las tetas de Cris, etc. Pero sería repetirnos como todos los veranos. Así que nos limitaremos a decir que estamos haciendo el esfuerzo de seguir tomando un café un agradable domingo con la subida del IVA, en el mismo sitio de siempre. Tenedlo en cuenta. Leernos es gratis y sano. El café nos da por el ojete. Causa alteraciones nerviosas y económicas.

Así que, como si os obligásemos a escuchar anécdotas que os importan más bien lo mismo que el nuevo tronista de Mujeres Hombres Y Viceversa (o eso esperamos; en caso contrario, cierren la página, abran la ventana, y procedan...), hablaremos de nuestro verano.
Ambos hemos circulado por esas magníficas tierras nórdicas, verdes y llenas de alegres gordinflones borrachuzos. Hablamos, ¿por qué no decirlo?, de Irlanda.
Son muy grandes los recuerdos que tenemos de dicho lugar (casi tanto como el tamaño de la cerveza negra que servían). Podríamos recordarnos, por separado, cerrando pubs a las 2:00 AM, amaneciendo a las 4:00, o al otro extremo de Irlanda, sobredosis de cafeína, exhibicionismo por la calle, baños por las gélidas aguas irlandesas, peleando con objetos de limpieza en un campus a altas horas de la noche... En cualquier caso, ni unos cuantos kilómetros nos han impedido encontrarnos y disfrutar de nuestra compañía.

Son esos veranos que se disfrutan, pero que al volver, necesitas mantenerte en movimiento y hacer cosas (a excepción de tareas domésticas o prepararte para el inicio del curso. Eso nunca ocurre). Septiembre es un mes que ni es verano, ni es otoño; es, sino, un agujero negro del espacio-tiempo en una dimensión paralela en la que predomina el cansancio, la sensación de domingo por la tarde o lunes por la mañana, cuando se nos escapan las ganas de disfrutar, pero aún así, tenemos necesidad de ello. 
Vaya, que septiembre es una resaca (con el gran original chiste de Wake me up when September ends; eso es como decirle a una mujer "Estás en esos días del mes, ¿verdad?" cuando tiene la regla).

Pero no pasa nada. Para eso tenemos a nuestro colega Rajoy dándonos una calurosa bienvenida, recordándonos que no sólo tendremos un curso más difícil, sino que además tendremos que hacer pactos con el diablo para poder permitirnos tomar una cerveza, comer decentemente o estudiar en condiciones (pero no las tres a la vez, para eso necesitaríamos un milagro o meternos a políticos vivir como ladrones).
¡España no nos ha echado de menos por lo que podemos observar!

Claro que, volver a estas fechas no solo implica todo eso. Reunimos anécdotas que posteriormente compartiremos todos juntos (y si no, nada que un YoNunca no pueda arreglar). Los reencuentros con distintas personas: que si uno se ha hecho un pendiente, que si otro ha corrido por las calles de Holanda colocado hasta las cejas, que si otro se ha pasado por EEUU ordeñando vacas tocando tetas... Vaya, que parece que nos hemos montado en un DeLorean y hemos estado años y años sin vernos (NOTA: Robert Zemeckis, te quedan exactamente 3 años para 2015 e inventar el aero-patín).

Llegando a la conclusión, queridos lectores (si es que no os habéis lanzado por la ventana) de que los años los contamos por los meses de septiembre. 
Admitamos que tras el verano, una de las mejores sensaciones es volver a ver a los desaparecidos por el mundo, por muy negros que estén o por muy perroflautas que parezcan con su nueva barba, y disfrutar otro año a su lado.
Al fin y al cabo, llegará un mes de septiembre que cada uno esté en su respectivo nuevo hogar del mundo y no nos tendremos para compartir nuestro verano.

Miremos ese lado bueno a estos días próximos al otoño (que muchos poetas han comparado con la añoranza y melancolía), brindemos por otro año más cerca de los nuestros, y os invitamos a disfrutar de nuestro blog una vez más (y de forma gratuita, ¡que con la subida del IVA de estos puñeteros cafés ya es decir!).

De reencuentro.
Manu&Cris